Inicio deportes Diversión, peculiaridades y tradición en los bolos conquenses, uno de los juegos...

Diversión, peculiaridades y tradición en los bolos conquenses, uno de los juegos populares más antiguos de la provincia

cabecera_650x400

CUENCA, 11 (EUROPA PRESS)

Los bolos conquenses mezclan diversión, peculiaridades y tradición siendo uno de los juegos populares más antiguos de la provincia de Cuenca, cuya existencia por lo menos consta desde hace 240 años.

En una entrevista con Europa Press, Cándido Álvarez, de la asociación ‘La Bolera del Recreo Peral’ ha explicado en qué cosiste este juego, sus peculiaridades, así como los problemas por el relevo generacional.

En el apartado histórico, las primeras señales de existencia de este juego se encuentran en el archivo del Ayuntamiento de Cuenca. Tal y como comenta Álvarez, hace 240 años ha había una familia que tenía en propiedad la actual bolera en el paraje del Recreo Peral de la capital, siendo este recinto deportivo también de los más antiguos de la ciudad.

La mecánica de este juego popular es fácil. Primero se colocan nueve bolos con una distancia de 3,5 metros entre ellos y en tres filas de tres bolos cada uno. Desde 17 metros se lanza la bola, que tiene que recorrer casi 30 metros hasta tocar una viga de madera al fondo de la pista.

Una vez que ha llegado al fondo del recinto, el participante tiene opción a una rebatida. Desde donde se queda la bola se vuelve a tirar la misma colocando el pie en la circunferencia de la bola.

Este juego se puede practicar tanto de forma individual como por equipos, y se llevará el premio aquella persona o aquel equipo que más bolos consiga derribar. La época ideal para jugar es entre mayo y octubre, aprovechando el buen tiempo de la capital conquense.

TODA UNA VIDA EN EL DEPORTE

Como deporte tradicional, su mayor parte de los aficionados llevan jugando a los bolos conquenses prácticamente toda su vida. Y ese es también el caso de Cándido, que empezó con 10 años en este deporte autóctono de la Serranía de Cuenca. Primero fue bolero –una especie de juez–, trabajo que por aquel entonces era pagado, y ahora, 42 años después, continúa derribando bolos cuando el tiempo lo permite.

“Hace 20 años, cada tarde se jugaban en torno a 4 o 5 partidas, que eso al final del mes era un sueldo, se gana un dinerillo importante”, ha confesado Cándido, quien ve con lástima que ahora la afición esté “en declive”.

“Por muchas ganas que le ponemos, la gente cada vez viene menos”, ha confesado, añadiendo que este año llevó a su peña del balonmano hasta la pista de bolos para intentar crear nueva afición.

Ese es el caso de Rosa Elena Cervera, que lleva unos meses aficionada al deporte. Reconoce que su experiencia está siendo “muy buena”, pasando las tardes entrenando “a la fresca” y con los amigos junto al río.

Aunque también se pueden ver a los más pequeños por el lugar, como es el caso de Joaquín. “Me enseñaron a caminar aquí en la bolera municipal, así que llevo toda la vida jugando”, dice este chico de 12 años, quien no ha dudado en calificar el juego como “muy entretenido”. Nuria y Lucía, dos jóvenes de 12 y 9 años respectivamente, también llevan en la bolera desde que echaron a andar.

ÚNICO JUEGO POPULAR EN LA FIESTA DE SAN JULIÁN

Los bolos conquenses no solo se practican en la capital conquense, sino que el juego está arraigado también en diferentes puntos de la provincia de Cuenca, localidades en las que existen con reglas diferentes dependiendo del pueblo.

Pistas más cortas o menor distancia entre bolos son algunas de sus peculiaridades de un juego que cuenta al menos con cuatro modalidades, como la de la capital conquense, la de Uña o las de pueblos como Beamud o Cañada del Hoyo, donde sólo hay una fila de bolos.

Una serie de pueblos que desde hace más de una década la Diputación de Cuenca agrupa en un torneo provincial, en el que participan un total de 10 localidades.

Del mismo modo, en la capital los bolos conquenses son el único juego tradicional que se sigue programando en el calendario deportivo, habiendo salido del programa juegos como la villa, el tángano o la barra castellana.

Un juego que, por lo menos en Cuenca capital, no se dejó de jugar ni en la pandemia, como reconoce Álvarez. Aunque empezaron a bajar en el mes de junio cuando se reabrió la bolera tras los meses más duros del primer estado de alarma, su juego se prolongó hasta mediados de octubre “por el mono y las ganas que había”.